Breve -brevísima- historia de los campamentos de verano

Breve historia de los campamentos de verano


A pocos días de inaugurar nuestro Summer Camp, y ante estas laaargas jornadas de exagerado y despiadado calor, -más propio del mes de Julio- que nos recuerda que el verano ha llegado este año con fuerza y para quedarse, nos encontramos con el cuerpo pidiéndonos vacaciones a gritos, con el pensamiento revoloteando y dando saltitos por todas aquellas cosas que nos evocan la temporada estival; cervezas, piscinas, viajes, atardeceres, sol, largas charlas nocturnas, mosquitos, crema con olor a zanahoria, rodillas manchadas, sudor... y campamentos de verano.


Los campamentos son al verano como los árboles de navidad a la Navidad, y las películas sobre campamentos de verano, en verano, como las de padres de familia que se dan cuenta de lo muy abandonada que tienen a su familia, en Navidad. ¡Ay! Esos campamentos cinematográficos con sus cabañitas de madera y sus canciones frente al fuego y junto al lago. ¿Qué sería del verano sin Summer Camps? ¿Y qué sería de los padres, sin Summer Camps?


Y como en La Casita de Inglés somos personas curiosas interesadas por todo lo inspirador que sucede en el planeta, nos hemos preguntado, ¿a quién se le ocurrió hacer el primer campamento de verano? ¿cuándo comenzó a popularizarse en España? ¿iban niños y niñas? ¿a qué grupo social pertenecían?... vaya, que hemos investigado sobre los orígenes y hemos pensado que seguramente os interese saberlo. Ahí va.

Corría el verano de 1861 cuando el pastor evangélico de los Alpes Suizos, Walter Bion, decidió llevarse a diez maestros y 68 niños al cantón de Appencell para que disfrutaran del campo durante dos divertidas semanas. Sí amigos, aunque lo más fácil es pensar que el origen de los campamentos de verano se encontrase en EEUU, lo cierto es que fue Suiza el país que los vio nacer, y posteriormente exportó a todo el mundo. Bion se llevó a niños que pertenecían a familias pobres de la ciudad con el afán de que, al menos, durante esas dos semanas, pudieran respirar aire puro y comer comida fortificante. La idea funcionó tan bien, que en pocos años, toda Europa y América había hecho cuenta de ella y comenzaron a organizar sus propias salidas reconstituyentes.


España, sin embargo, tardó un poco más que sus países vecinos en abrazar la idea, que gracias al incansable trabajo de la Institución Libre de Enseñanza pudieron introducir las llamadas “colonias escolares” primero en Madrid, y paulatinamente en el resto de las ciudades.

La revolución industrial de finales del siglo XIX habría provocado un gran éxodo de la población del campo hacia las ciudades. Las pobres condiciones de vida de los trabajadores de las primeras fábricas, a su vez, dieron lugar a un nuevo y desolador panorama social: niños desnutridos y sin esperanzas de futuro pasaban el rato como podían en los nuevos barrios urbanos. Barrios sin calles y sin alcantarillado, en los que escaseaba el alimento.


En medio de toda esa situación, Manuel Bartolomé Cossio (1857-1935), educador, pedagogo krausista, historiador del arte y heredero espiritual de Giner de los Ríos -fundador de la Escuela Libre de Enseñanza- decidió organizar el primer campamento que hubo en España.

Como buen pedagogo comprometido con su profesión, a Cossio le preocupaba mucho la situación de los niños que vivían en los ambientes urbanos más desfavorecidos. Así que, claramente inspirado por el suizo Bion, el 15 de agosto de 1887 reunió a dieciocho niños de entre 9 y 13 años en la antigua Estación de Norte (hoy Príncipe Pío) y junto a dos profesores más, se los llevó a San Vicente de la Barquera, donde a los pequeños -seleccionados teniendo en cuenta sus múltiples enfermedades, como raquitismo, anemia o escrofulismo- se les lavaba a diario, se procuró que mantuvieran rutinas saludables y mediante juegos, excursiones, redacción de diario y demás tareas agradables, se les enseñaban lecciones de geografía, astrología, manejo de brújulas y termómetros, y lo que era más importante para Cossio, a respetarse entre ellos. Después de unos días en el municipio cántabro los pequeños mejoraron su situación física, demostrando con ello tanto la viabilidad de este tipo de proyectos, como lo beneficiosos que resultaban para los niños y niñas. Así, se puede decir, que los primeros campamentos surgieron con una vocación higienista con el objetivo puesto en solucionar un poco la pésima situación física de los niños y niñas de las clases urbanas más desfavorecidas.


Rápidamente el campamento de Cossio llegó a oídos de otras instituciones filántropas del resto de España, quienes quisieron desarrollar sus propios campamentos, o “colonias escolares” como se las bautizó entonces. Granada fue la siguiente, en 1890 y a esta le siguieron Barcelona, Santiago de Compostela, Palma de Mallorca y Valencia a partir de 1892.

Así, el siglo XX se inició con un buen número de campamentos de verano distribuidos por toda la geografía española. Para entonces, disfrutar del aprendizaje al aire libre en verano se había convertido en una práctica muy popular, de la que se hacían eco multitud de organizaciones. Las estadísticas hablan de que en 1932 Madrid ya contaba con 4632 “colonos” que disfrutaban de los campamentos de verano.


Después llegaría la Guerra Civil y el resto de regímenes totalitarios europeos que utilizaron los campamentos como pequeños campos militares de adoctrinamiento juvenil, muy alejados del espíritu que inspiró a pedagogos como Bion o Cossio. La posguerra española dejó estos campamentos en manos de la Iglesia Católica y no sería hasta la entrada de la democracia cuando los campamentos volvieron a estar también en manos laicas y comenzó a surgir la auténtica popularización que nos lleva a la situación actual.

Hoy en día, afortunadamente, los campamentos no son refugios para los niños mal nutridos y enfermos, sino, sobre todo, la mejor opción para que los padres y madres que no gozan de tantos días de vacaciones veraniegas como sus hijos puedan compaginar trabajo mientras los pequeños siguen aprendiendo en un entorno mucho más relajado y ocioso. Los últimos treinta años han multiplicado las ofertas de campamentos, y han convertido a los urbanos en una auténtica tabla de salvación para los julios de muchas familias.


Desde aquí, y con unas ganas locas de inaugurar los Summer Camps que con tantísimo cariño hemos preparado en La Casita de Inglés, queremos dar la gracias y rendir un pequeño homenaje a Manuel Bartolomé Cossio. Pedagogos como él nos inspiran cada día y nos hacen darnos cuenta de que trabajar por y para los niños es uno de los mejores trabajos que cualquier ser humano podría desear.

Extra!! todavía queda alguna plaza libre en nuestros Summer Camps, pincha aquí para obtener toda la información y escríbenos sin ningún compromiso.

María Blanco Brotons es periodista, especializada en temas infantiles que además de haber colaborado con la revista Ser Padres, Naif Magazine, Madrid diferente con niños o el blog de Kideeo, llevó durante casi seis años ¡glück! un mágico espacio infantil en el centro de Madrid.

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