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Orgullo Casita


En esta semana en el que la palabra “orgullo” es la más repetida en todo Madrid, vamos a sumarnos a ella, aunque en este caso para hablar de nuestro orgullo particular -sin desmerecer al que en estos días está situando a Madrid en la cima de las ciudades abiertas y tolerantes-, y es que, cuando te sobreviene esa sensación de satisfacción y dignidad, uno no puede callárselo y guardárselo en su parcelita de momentos felices, sino gritarlo a los cuatro vientos. Y es que, amigos, la Familia Casita es maravillosa, y ahora que van pasando los años y vemos a nuestros polluelos lanzados al vuelo, no podemos evitar esa hinchazón de pecho, ese respirar bien fuerte y esa sonrisa satisfecha de saber que lo estamos haciendo bien.


Resulta que el sábado pasado, como bien sabéis, inauguramos nuestra cuarta Casita, La Casita de Inglés Montecarmelo. Esta vez, nos guardamos las energías festivas para agasajaros en septiembre, sin embargo, Marilda -nuestra directora de Montecarmelo- preparó una jornada de puertas abiertas, con toda la dedicación y amor con la que hacemos las cosas en La Casita.

De entre todos los vecinos que quisieron venir a conocer nuestro espacio, apareció una jovencita pelirroja de vivarachos ojos azules que, por mucho que haya crecido, aún conserva esa mirada pícara e inteligente que conocimos cuando, con sólo 6 años, formó parte de las primeras generaciones de los niños de la Casita. Pipi, sonriente como el que sabe que está dando una sorpresa, nos regaló un larguísimo abrazo.


Y es que, Pipi -rebautizada así por sus hermanas mayores por su incuestionable parecido con Pipi Langstrump- llegó a La Casita de Inglés con apenas tenía 6 años y estuvo con nosotros hasta que cumplió doce. Fue una de las primeras alumnas; entonces La Casita todavía no estaba en Pozuelo, sino que impartíamos nuestros primeros talleres en casa de Lenny.


Cada tarde era una fiesta, y así se los transmitíamos a nuestros pequeños -y así seguimos haciéndolo- para hacerles ver que aprender un idioma no se trata de hacer deberes o memorizar larguísimas tablas, sino introducirlo en las cosas más divertidas que hacemos en la vida. A Pipi le encantaban aquellas clases; María su madre así nos lo confesó, pues para su pequeña, venir a La Casita nunca supuso ir “a clases de inglés” sino a otro sitio... era venir a hacer manualidades, a jugar, a pasarlo bien.


“Todo el mérito de la buena pronunciación que tiene Pipi y de que hoy en día, sus notas en inglés no bajen de sobresaliente es de Marina”. Afirma María orgullosa. ¡Y no es para menos!, Pipi hoy es una adolescente a punto de pasar a bachillerato, que disfruta con las canciones que entiende y canta en perfecto inglés, que ve películas en versión original sin ninguna duda ni complicación, que saca notas brillantes y está dispuesta a estudiar hasta tres carreras. Sin embargo, si bien hemos de apuntarnos el tanto de su buen dominio y gusto por el inglés, hemos de confesar que desde el primer momento supimos que Pipi era una niña muy especial, con un mundo interior muy rico, creativa, libre, divertida, entusiasta y con muchas, muchísimas ganas de aprender.


Pipi, y toda su familia, amaron La Casita durante todo el tiempo que estuvo con nosotros, y nosotros, irremediablemente, amamos a Pipi y fuimos testigos de cómo fue creciendo y convirtiéndose en una niña maravillosa. Este sábado, por sorpresa, pudimos comprobar como también se ha convertido en una joven fantástica que sabemos que desembocará en una mujer fascinante. Y esa, amigos, es la magia del docente. Ver cómo los que un día fueron niños que aprendieron a nuestro lado, se convierten en grandes hombres y mujeres. Ese orgullo de saber que parte de sus éxitos nos pertenecen un poco y que formamos parte de ellos, es lo que hace de esta profesión la mejor del mundo.

Para todos los que formamos parte de La Casita de Inglés, la buena relación con los niños y las familias es fundamental. Nos encanta sentirnos cercanos tanto a nuestros alumnos y alumnas como a sus padres, sentir que están en su casa, que somos amigos, que los queremos, respetamos, ayudamos y apoyamos. Aprender una lengua es aprender a expresarse, a poder decir lo que se siente y se piensa, algo que no tiene cabida cuando el ambiente es hostil, distanciado o irrespetuoso.


(Whatsapp de María la mamá de Pipi con Marina)

Estamos orgullosos de Pipi, y de todas las otras niñas y niños que comenzaron en La Casita, así como todos los que han seguido y seguirán pasando por nuestras aulas. Chicos, ¡estamos tan orgullosos de todos vosotros!

María Blanco Brotons es periodista, especializada en temas infantiles que además de haber colaborado con la revista Ser Padres, Naif Magazine, Madrid diferente con niños o el blog de Kideeo, llevó durante casi seis años ¡glück! un mágico espacio infantil en el centro de Madrid.

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