Juegos tradicionales vs. digitales
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Juegos tradicionales vs. digitales


Ni cualquier tiempo pasado fue mejor, ni el futuro sólo nos muestra un debacle inevitable de la sociedad... al menos así nos gusta verlo a nosotros que somos amantes de propuestas nuevas y de todo aquello que suene a innovación. Es habitual, desde la inevitable nostalgia humana, que nos echemos las manos a la cabeza cuando vemos a nuestros pequeños cachorrillos enganchados a teléfonos y tablets como si la vida dependiera de ellos, y también es verdad, que como todo, en exceso, es malo. Sin embargo, de unos nativos digitales como son las nuevas generaciones, no podemos esperar sino que sientan curiosidad y fascinación con este nuevo medio, al igual que de nosotros se espera, sepamos educarles en el buen uso que han de darles a los nuevos formatos.

Pero no seamos catastrofistas, ¡por favor! Disfrutar con los juegos electrónicos no significa que los tradicionales sean cosa del pasado. Evidentemente, algunos juegos lo serán, porque la vida es así, y al igual que nosotros ya no jugamos con huesos de cordero -las famosas tabas con las que tanto disfrutaron nuestros padres-, nuestros hijos dejarán de verle la gracia al churro media manga y manga entera, afortunadamente, porque vaya dolores de espalda ocasionaba el jueguecito.


Mucha de la tecnología de hoy está puesta al servicio de la educación. Una educación, además, mucho más participativa y global. Muchos de los juegos que proponen los formatos electrónicos están íntimamente ligados con la adquisición de conocimientos o la superación de ciertas barreras en el aprendizaje. Y eso, no sólo está bien que atraiga a los niños, sino que es maravilloso; los niños de hoy serán adultos más preparados para pensar en conjunto, para desarrollar ideas en numerosos formatos, para disfrutar en varios planos, para viajar más gracias a la conectividad... eso sí, debemos guiarlos, ayudarlos y enseñarlos.

No somos tan ingenuos como para obviar todos los peligros que esconde lo digital; como por otra parte, también los esconde la vida real, y no por ello, pretendemos cortarles las alas. Es difícil, sobre todo porque para nosotros es todo más extraño y nuevo que para ellos, de hecho, pronto serán nuestros pequeños quienes nos enseñen y nos prevengan de los peligros que lo tecnológico tiene preparado para los ancianos -¿os suena? ¡qué levante la mano quien no le haya enseñado a navegar por internet a sus padres!-.


En definitiva nuestro reto, como padres y madres, es educarles en algo que nos es completamente nuevo, que ellos conocen mejor que nosotros y que en muchas ocasiones aprendemos a la vez. Educarles en valores positivos, tratar de controlar nuestros propios miedos, fruto de un inmenso desconocimiento que se nos aparece como un océano en el que creemos que nuestros hijos podrán ahogarse, pero hemos de saber que si les enseñamos a nadar, no sólo no se ahogarán, sino que disfrutarán y sabrán sacarle provecho.

Asimismo es absurdo pensar que a un niño al que le guste jugar con una app inmediatamente no vaya a disfrutar del escondite en el campo. Que de repente dejará de verle la gracia a nadar en el mar, que ya no querrá acariciar a un perro de carne y hueso, que no querrá leer, que dejará de hacer construcciones, que no se interesará por sus muñecos, que no sabrá valorar un beso...


El futuro, para la mayoría de nosotros, es incierto. Una suerte de tecnología que avanza rapidísima, que nos sobrepasa y que nos asusta con imágenes distópicas de jovencitos sin corazón ni capacidad crítica. Por favor, ¡no caigamos en eso!. El futuro está ahí, y no se le puede poner vallas. Únicamente de nosotros mismos depende su devenir; de nuestra educación, de nuestros valores, de nuestro interés y nuestra capacidad para conectar con ellos, de nuestra gestión del miedo, de nuestra valentía...

María Blanco Brotons es periodista, especializada en temas infantiles que además de haber colaborado con la revista Ser Padres, Naif Magazine, Madrid Diferente con Niños o el blog de Kideeo, llevó durante casi seis años ¡glück! un mágico espacio infantil en el centro de Madrid.

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