Sin gritos ni castigos: educando para la disciplina
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Sin gritos ni castigos: educando para la disciplina


En la entrada de hoy venimos a hablar no de nuestro libro, sino de el de Sandra Ramírez, una psicóloga escolar y educadora ecuatoriana que trabaja como consultora y maestra de apoyo a niños bilingües. En concreto venimos a hablar de su segundo libro, "Sin gritos ni castigos: educando para la autodisciplina", un libro muy interesante en el que ahonda en la idea de la importancia de educar a seres humanos responsables, íntegros, autónomos y autodisciplinados a través de una estrategia en la que los gritos y los castigos queden fuera. Vaya, lo que ponemos en práctica en La Casita de Inglés lo hemos leído como ensayo, y nos hemos sentido muy identificados.

Sandra Ramírez defiende en su libro dos ideas fundamentales; una en relación a las consecuencias lógicas a un comportamiento, en el que defiende que estas (las consecuencias) deben ser efectivas, siempre respetando al niño o a la niña, que tenga relación con el mal comportamiento, que este o esta sea informado por adelantado y que, por supuesto puedan comprenderlas. La segunda idea gira en torno a la importancia de los refuerzos positivos.

La teoría es clara, y en el papel todos la entendemos, respetamos y vemos como lógica. Castigar y gritar a los niños no les ayuda a entender su mal comportamiento y por lo tanto a corregirlo. Por lo general, el castigo no se relaciona directamente con la conducta ya que estos son impuestos y muchas veces no tienen nada que ver con el comportamiento que haya tenido. Para los pequeños, lo habitual es que el castigo o los gritos les produzca una sensación de culpa y vergüenza, y no que aprenda a tomar una mejor decisión en el futuro, no es pues, una estrategia que propicie el aprendizaje. Sí lo es, en cambio, que estos comprendan que su acción estuvo bien o mal, y para ello necesitan una guía o apoyo por parte de los adultos que les sirva para conectar un acto con su consecuencia.

Por otro lado, eso de que ser sensible es lo mismo que permisivo es una confusión que debemos sacar de nuestra cabeza. Debemos ser sensibles -¡muy sensibles!- cuando gestionamos las emociones de nuestros hijos e hijas, y debemos ser comprensivos con sus procesos de aprendizaje, (¡nadie dijo que fuera fácil!), pero eso no significa que no debamos establecer límites, los límites son fundamentales para ellos, les aportan seguridad y una estructura a la que agarrarse, eso sí, que sean razonables, firmes y concisos. Si no, difícilmente podrán fortalecer su capacidad para controlar los impulsos y su capacidad para adaptarse a diversas situaciones.

Otro de los aspectos que trata "Sin gritos ni castigos: educando para la disciplina" es la importancia de equivocarse. Nada como un buen error con sus consecuencias, para aprender una valiosa lección. Equivocarse es una gran oportunidad para el aprendizaje, por eso, cuando los niños y las niñas se equivocan, debemos estar los adultos para que, con frases positivas, palabras cariñosas y un tono de voz seguro les acompañemos en el descubrimiento de ese error. Pensad cuando sois vosotros los que os equivocáis, qué esperáis de las personas a la que queréis y respetáis.


El refuerzo positivo también es algo en lo que incide Sandra Ramírez en su libro y que nosotros vemos cada día, no solo entre nuestros hijos e hijas, sino también en las habitaciones de La Casita de Inglés. Cuando se trata de elogiar, sobre todo en público, este debe ir dirigido al comportamiento, no hacia el niño o la niña. Asimismo es importante reconocer los buenos comportamientos que te gustaría ver en los otros alumnos, pero nunca comparándolos entre sí y destacar aquellos que reflejen valores como la amabilidad, el compañerismo, la honradez...

En definitiva, este libro va sobre cómo encontrar una nueva perspectiva de crianza y disciplina alejada de los métodos tradicionales, esos en los que los castigos y la violencia verbal estaban a la orden del día, y en los que "un cachete a tiempo", no estaba mal visto. Basándose en la neurociencia, la autora aporta herramientas respetuosas para educar niños pensantes y reflexivos, capaces de tomar buenas decisiones por sí mismos. Redefinir lo que entendemos por disciplina y tratar de reconducir mucho de lo que hemos aprendido sobre cómo hacer que nuestros hijos sean educados, es algo más sencillo de lo que parece, aunque reconocemos, que más de una vez, aguantarnos un grito desquiciado después de 25 sugerencias educadas de recoger la habitación puede parecer misión imposible.

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